expo2008 acreditaciones 28 julio 2008
El pabellón de Aragón semeja una cesta de mimbre con frutas. Dichas frutas sólo son visibles de noche que se hinchan con unos graciosos focos debajo y representan los productos de la huerta aragonesa, de la ribera vamos. El pabellón dispone de una cuidada exposición fotográfica y escultórica que se ve con agrado. La visita empieza en el cuarto piso y desde allí se baja al segundo para ver el documental que Carlos Saura ha filmado. Este descenso es debido a que la sala de proyecciones ocupa dos pisos. A las 10 de la noche se cierra la exposición y se abre la terraza que parece un salón lounge de algún penthouse neoyorquino, ni Andy Warhol. El documental se proyecta en una sala con media docena de pantallas gigantes, además unas piedras de río en hilera delimitan un riachuelo interior sobre el que se proyectan imágenes de arte sacro aragonés. Lo ideal es sentarse o tumbarse en el suelo de madera, elegir la pantalla que queramos y a disfrutar, son 15 minutos y merece la pena, aunque para mi gusto la música estaba demasiado estrepitosa. El agua desde el Pirineo a los Monegros pasa ante nuestra vista en unas imágenes llenas de belleza y gusto. Una pequeña obra de arte. Saura prescinde de las personas y sólo nos muestra imágenes de don Luis Buñuel (ya saben el ‘ateo por la gracia de Dios’ ) al pasar por la ruta del tambor. En el exterior suele haber unos cuadros joteros para hacer más amena la espera aunque la verdad es que las colas van rápidas.
El pabellón de Alemania es una de las sensaciones de la Expo. Les dimos un pabellón y nos han devuelto un canal veneciano. ¿Quién dijo que los alemanes eran unos cuadriculados y no tenían imaginación? Las largas colas nos llevan a un riachuelo en el que unas cómodas barquichuelas nos llevan bogando por un paisaje cárstico (la mayoría del agua corriente que se usa en Alemania es de origen subterraneo) animado por graciosos personajes infantiles y una decoración digna de una película de Tim Burton. Se pide en la entrada que gorras, gafas, etc. se metan en las mochilas o bolsos ya que si se cae al agua se puede bloquear el sistema hidráulico. Son 7 minutos que se hacen cortos. Después hay una exposición de ingeniería hidráulica, sistemas de ahorro de agua en las ciudades alemanas, recuperación de ríos y riberas contaminadas, ayuda al tercer mundo. No se pierdan sus sofisticados ascensores para discapacitados. En el bar hay cervezas de importación y por la noche sacan un puesto de perritos calientes a la calle, un poco caros eso sí.
La cantina funciona de nuevo, no se come mal, no.
No me resisto a contarlo, me he cruzado de sopetón a mediodía con Jorge Drexler, un tipo encantador. Nos hemos hecho una foto y ha estado muy amable. Hoy es el día de Uruguay y no podía faltar el único uruguayo ganador de un Oscar. Ha actuado en la plaza de Aragón con tres compatriotas más los señores Bucaglia, Cabrera y la señora Canoura partir de las 9. Un concierto lleno de arrojo charrúa. El momento cumbre fue cuando anunció que iba a tocar “una canción que seguro que ustedes oyeron por primera vez cuando la canté a cappela de forma involuntaria en una entrega de premios en Estados Unidos” Por lo visto le cogió el gusto a cantar a voz desnuda ‘al otro lado del río’ y la interpretó a pelo, sin guitarra, ni percusión, ni nada. El respetable se vino arriba y exigió para el intérprete las dos orejas y el rabo. En este concierto quedó demostrado que en Aragón no sabemos dar palmas en los conciertos. Drexler llegó a pedir que en vez de palmas se dieran ‘castañuelas’, es decir, chascar los dedos en un intento de reducir la cacofonía que se organizaba cada vez que el público se animaba.
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