expo2008 acreditaciones 27 julio 2008
En Zaragoza se está haciendo la Expo del Agua pero tal denominación no debe hacernos olvidar que es una ciudad rodeada de desierto, Mauricio Aznar lo sabía y lo describió con su talento en una frase mítica: “al este del Moncayo sólo hay sed y el desierto para correr”. Al lado de la Expo está el aparcamiento junto a la salida de la autopista A2. Los trabajadores que les ha tocado allí son las personas más solitarias del mundo. Un espacio enorme, vacío, esperando coches que no llegan, que no llegarán nunca. Se acuerdan de la angustia que supuraba el libro de García Márquez “El coronel no tiene quien le escriba”, pues el aparcamiento es igual. A uno le entra el desánimo al verlo, un espacio enorme castigado por el sol inclemente, por el cierzo cortante. Se susurra entre los trabajadores que será el nuevo destino del recinto ferial, condenado a la trashumancia desde hace ya tantos años, siempre en busca de espacios nuevos. Parece una condena. Una metáfora del desierto que nos rodea.
Los trabajadores solemos comer en la cantina. No es la cocina del Pabellón Francés, ni la contundencia del uruguayo pero es barato y nos quita problemas. Estos días nos la han cerrado los muchachos de Sanidad. Bueno, están haciendo su trabajo. Nosotros encantados de irnos al restaurante de los grandes lagos que es más fresco y te permite comer escuchando el ruido del agua. Es un restaurante un poco menos corporativo pero que no te permite esconderte de las miradas del público como la cantina.
Los muchachos del pabellón de Yemen son la alegría de la Expo. Se lo pasan bomba en España, cualquier pequeño favor que les hagas para hacerles más agradable su trabajo y su estancia te lo agradecen como si les hubieras salvado la vida. Su traductor es un marroquí que se llama Rachid, un tipo estupendo me contaba que son así, es su modo de ser. Las gumias son el símbolo nacional de Yemen y el hecho de que ya no puedan venderlas les ha llenado de tristeza. Sus tatuajes de jena hacen furor entre las chicas, mis compañeras se vuelven locas por ellos y cada semana cambian de diseño. Ah, fantásticos sus tés con menta. Vayan a consolarles.
Ayer a las 11 menos cuarto fuimos a ver el concierto de Lila Downs, Susana Baca, Dida y Chambao y nos encontramos con la némesis del aparcamiento. El anfiteatro 43 parecía La Kaaba de La Meca. Desde las nueve y media hordas de gente entraron con entrada nocturna a ver el concierto, el espacio resulto tan insuficiente que seguridad tuvo que cerrarlo y acordonarlo, delante de mí incluso llamaron a la Policía Local para pedir refuerzos por si las moscas. En la entrada al anfiteatro hay una gran pantalla y sentados delante de ella había unas 1.000 personas, la entrada al pabellón puente y el mirador de los Apeninos estaban colapsadas de gente viendo el show a distancia o, más bien, haciendo como si lo siguieran por las pantallas. Los polivalentes de espectáculos se mostraban asombrados y todos nos decían que esto no había pasado desde que empezó la Expo. Les aseguro que había más gente que la que fue a ver a Bob Dylan a la Feria de Muestras. La Romareda en día de partido contra el Barcelona o el Madrid es el simil que más se acerca a lo que vimos ayer en la Expo. Esta noche toca Robert Cray, un excelente bluesman, ya verán como lo vemos en familia.
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