expo2008 doctor Feelgood 04/08/2008
LA HISTORIA
Ayer tocaron Doctor Feelgood. Son un grupo veterano fundado en los primeros 70 por Lee Brilleux, cantante y armónica, y Wilco Johnson, el único guitarra del mundo que con look de la familia Addams ametrallaba al público mientras hacía sus solos de guitarra. El cuarteto fue dando tumbos y cambiando miembros hasta que hace 10 años el pobre Lee murió. Sus sustitutos, ya llevan dos, son sosias perfectos y un caso médico de mimetismo que roza lo asombroso. Pertenecen a ese género que tuvo tan poco éxito comercial conocido como el Pub-Rock, el secreto mejor guardado de los años 70, música basada en los viejos blues con un componente cervecero que le da un grado de alto octanaje. Es música para escuchar en un local pequeño con jarras de cerveza abundantes, música para desinhibirse, para perder la compostura, para la que no se necesita ir muy elegante, ni muy puesto. Un viejo bluesman decía: ‘no se necesitan zapatos ni medias para bailar los blues’. Contemporáneos suyos de correrías son Nick Lowe, Dave Edmunds, los Rockpile, Elvis Costello, Joe Jackson, the Count Bishops, Lew Lewis Reformer, Ian Dury o Chaz Jankel. Sus títulos son evocadores: Roxette, Back in the night, Stupidity, Down by the Jetty, Violent Love, She´s a windup, Down by the doctor, One more shot … como decía uno de sus discos ‘this is just the doctor ordered, …’
MI HISTORIA
Es la sexta vez que los veo en directo y la sexta que caigo rendido. Todo comenzó en 1979 en la Plaza de Toros de Zaragoza. Wilco ya había abandonado el grupo y le sustituyó John ‘Gypie’ Mayo. Eran unos macarras ingleses en una plaza de toros. El año anterior un amigo mío había robado tres LP´s suyos en una discoteca (los tenían hacia el final de las cubetas apartados, casi ya olvidados) y nos los grabamos en cinta todos los amigos. Parecían felices, la cerveza era en esos tiempos muy, pero que muy barata, las jarras corrían en abundancia y hubo varias peleas a pie de escenario. En 1980 Wilco Johnson tocó en la misma Plaza de Toros acompañando a the Lew Lewis Reformer, el tipo que tocaba la armónica en el London Calling de los Clash, casi nadie. Nos ametralló durante dos horas, balas sónicas atravesando los sentidos, polvo en suspensión ya que en aquellos años no ponían madera cubriendo el albero. Más cerveza barata. En 1985, volvieron para tocar en el Rincón de Goya, ese espacio único en el que resultaba tan fácil colarse que casi daba pena pagar la entrada. De nuevo un sonido espectacular, las birras ya habían subido de precio pero siguieron corriendo con mucha alegría, Lee Brilleux estaba en plena forma y ya tenía unos recursos escénicos que le permitían dominar el escenario sin moverse demasiado. No volvieron hasta principios de los 90. Los contrató el En Bruto con tan mala fortuna que el día que tenían que tocar le cerraron el garito (lo sé de primera mano porque trabajaba en Gerencia de Urbanismo por aquellas fechas, no cerraron el Café Hispano, no, ni ninguno de la zona pija. ¡Cómo se escribe la historia!) El concierto se pasó a la vieja sala Metro que pegaba sus últimas bocanadas. De la banda ya quedaba sólo Lee, el bajista y el batería ya eran los actuales y el guitarra era el de los Ducks the Luxe, otro combo de blues rock. Lee vestía de smoking, fumaba con estilo, sonreía con suficiencia, un artista en la plenitud de su carrera. Las jarras de cerveza (vasos de litro de plástico, claro) volaban entre el público, el pogo fue brutal, el sudor de los músicos te caía literalmente en la cabeza junto con la litrona del de detrás de ti y a nadie se le ocurría pedir cuentas por semejante nimiedad. Fue la última vez que ví vivo a Lee, lo más parecido que he tenido a un héroe en toda mi vida. En el 2000 tocaron con la actual formación y el nuevo cantante en el Centro cultural Delicias, el antiguo mercado de pescados. Fue una fiesta, no importó que no quedara ya ninguno de la formación original, fueron a por nosotros desde el minuto uno y sus temas sonaban tan vitales, tan urgentes como la primera vez que los vi. Doctor Feelgood son una ceremonia pagana, la celebración de estar vivo.
EL CONCIERTO
Estábamos todos sentados en las sillas perfectamente alineadas por los muchachos de espectáculos. Eran las 20:55 y poco a poco se iba llenando el escenario. Entre el público muchas caras conocidas del rocanrol zaragozano y rostros conocidos del tipo: ‘hace años que no veía a ese’ o ¿de que me suena esa cara? Estamos todos sentados como buenos chicos. El orden, el sacrosanto orden, no se mueve nadie. A las 21:00 con puntualidad británica aparecieron en el escenario. El mismo trío que la última vez y un cantante más joven. Empiezan con ‘Riot in Cell Block number 9’. ‘Revuelta en el bloque de celdas número 9’ una premonición, su primera frase dice : ‘entré en la cárcel en 1953 por que me pillaron en un atraco a mano armada, …’. ¿Han visto la película de los Blues Brothers? En la escena final la banda toca en la prisión federal de Chicago el Jailhouse Rock de Elvis Presley. Son presos de verdad, los vigilantes también son de verdad. A mitad de canción el enorme John Belushi les conmina a bailar y la prisión entera empieza a bailar el Rock. A la tercera canción suenan los acordes de ‘Milk and Alcohol’, el cantante grita: ‘come here’; una chica con vestido blanco, gafitas y pinta de secretaria modosita (que Dios la bendiga) se levanta y da dos pasos al frente, una decima de segundo después salto desde la segunda fila por encima de la primera, mi amigo David me sigue y en los dos segundos siguientes los bárbaros asaltamos el imperio romano, como Gengis Khan, ignoramos la gran muralla. Las sillas vuelan; mi hermano se olvida de la mochila en la silla y no se acordará de ella hasta el fin del concierto; levantamos los puños y aullamos el legendario ‘Milk and Alcohol’, los chicos han vuelto a la ciudad y se sonríen entre ellos; una chica de no más de 10 años se aferra a primera fila y sonríe alucinada, al final del concierto el guitarra le regalará una púa y la agarrará mostrándosela orgullosa a sus padres como si de un trofeo se tratara. Mi amigo David no se puede contener y le dice: ¿a que esto esta mejor que el Bisbal ese? La niña responde con una seguridad aplastante: ‘esa música es una mierda, esto mola más’ A sus padres se les cae la baba.
Es difícil verbalizar lo que se siente en un local pequeño, en primera fila ante una gran banda de rock and roll, el abandono, el relámpago de energía que te recorre, el corear los estribillos que de repente adoptan un sentido e incluso una dignidad que jamás podrán tener ninguna consigna coreada en un mitín político. Que no les cuenten milongas, lo de los grandes escenarios ni es ni será nunca un concierto de Rock. Suena el ‘Roxette’ y es la locura. Una mano en mi hombro y mi viejo amigo Santi ‘Mr. Pogo’ está a mi lado, al otro está Miguel ‘el Clash’ y tras nosotros la mitad de los técnicos de espectáculos de la Expo. Una hora, sólo podían tocar una hora. Cierran con un medley del Tequila de los Champs y el Bonnie Moronie de Larry Williams. Yo estuve allí, Doctor Feelgood tocaron en Zaragoza y yo estuve allí: mirad sus obras poderosos y temblad.