sábado, 30 de agosto de 2008

expo2008 acreditaciones 30 agosto 2008

expo2008 acreditaciones 30 agosto 2008
Al principio las fiestas en las playas fueron una cosa discreta. Quedaba mucha Expo por delante y había que guardar fuerzas. Poco a poco se llegó al ecuador y la cosa fue en aumento. Ahora hay como una urgencia por aprovechar el tiempo perdido. Es una carrera contra reloj hasta el día 14 de septiembre. El lunes pasado fui a la fiesta de prensa y la cosa acabó como la película ‘El Guateque’ de Blake Edwards (por cierto una fantástica banda sonora). Para la fiesta se repartieron unas acreditaciones especiales con fotos de fluvi y raspa, la mayoría de la gente eligió fluvi y unos cuantos preferimos al raspa; esto dio paso a una interesante conversación acerca de lo atractivo que es el mal al menos a nivel cinematográfico (todos nos acordamos de Anibal Lecter, pero ¿Quién se acuerda de la agente Clarisse?).
Acudió gente de todo tipo y condición: prensa, polivalentes, taquilleros, jefes, jefecillos, jefazos, seguridad, técnicos, participantes, despistados de fuera de expo, etc. Nos entremezclamos al calor de las copas baratas. Si eres de Expo te hacen rebajas en las birras y en los pelotazos y las acreditaciones se cotizan, a uno les salen amigos de fuera de Expo por todas partes. Son al aire libre, corría una brisa fresca que despejaba la cabeza, la noche era estrellada, el agua de las playas reflejaba la luz, el DJ era bastante malo y al principio los técnicos y yo mismo estuvimos conspirando para darle una paliza y ponernos en su lugar pero no prosperó y a la hora ya a nadie le importaba.
Por supuesto acudió el inevitable italiano vestido con un terno impecable intentando ligarse a todo lo que se movía con especial predilección a las chicas en cuya acreditación se podía leer LC, que como todo el mundo sabe significa Libre Circulación, el que quiera que saque conclusiones.
Me presentaron a casi todos los jefes de Expo y aprovechando el ambiente distendido brindé con todos ellos y les pedí un aumento de sueldo. Estos son fácilmente reconocibles por el símbolo de infinito que distingue a sus acreditaciones (las malas lenguas prefieren llamarlo el ocho borracho).
Hubo un momento fantástico pleno de sentido del humor cuando vino mi jefe a las 12:30. Estaba hablando con él y se acercó por detrás la bella Mamen de seguridad y le dijo “Juan”, él le respondió: “Coño” y ella le recriminó: “coño no cariño, que me llamo Mamen”. Les juro que hacía mucho tiempo que no me reía tanto.
Uno de los de sistemas cuando el alcohol empezó a nublar sus sentidos me confesó sus sentimientos hacia la bella Ana. “Oh, es perfecta, tan guapa, si yo me atreviera”. Viendo sus dudas me ofrecí a servir de intermediario y/o Celestino y me dirigí hacia ella para informarle de los sentimientos de mi compañero. Me miró extrañada y me dijo “tío, yo me llamo María”. Me pegué toda la noche llamándola María. Mi amigo no sabía donde meterse.
A las 5 se cerró el garito, nos echaron y nos fuimos en peregrinación hacia el parking distante 2 ó 3 kilómetros bordeando el parque del agua y la Expo, cuando llegamos ya se nos había pasado el pedo.
Cómo diría Scorsese: “Jo, qué noche”.
Además de las fiestas en las playas hay algunas en pabellones un poco más distinguidas. En el pabellón de Zaragoza el Viernes por la noche hubo una para invitar a VIPs a degustar los productos de Aragón. El que repartía las invitaciones tuvo el detalle de regalar unas a las azafatas del pabellón croata que causaron sensación. Hablaron los políticos y como el jamón, el queso, las tapas y la cerveza eran de primerísima calidad nadie les hizo ni caso. Por cortesía escuché a mi jefe y después de loar su estilo discursivo ameno y pleno de calor coloquial volví a pedirle un aumento de sueldo.
Me di cuenta que somos animales sociales hasta que el alcohol nubla las barreras: los de Ztv con Ztv; los del pabellón de España con los del pabellón de España; los (escasos) polivalentes con los polivalentes; las croatas, bueno, pasemos a hablar de otra cosa.
Como famosillos estaban Luis Alegre y David Trueba que fueron interrogados por varias azafatas rubias en busca de castings y que acabaron en la barra pelando a todo cristo. Ah, la farándula. El señor Alegre, en una falta de cortesía imperdonable, acudió sin sus afamados pantalones rojos. Deberían hacer un remake de ‘Las Zapatillas Rojas’ de Powell-Presburger con dichos pantalones y don Luis de protagonistas. Lanzo la idea, ya veremos.
Tuve también la oportunidad de dialogar largo y tendido con el sr. Chung. Nacido de padres coreanos en las Islas Canarias está a caballo entre dos mundos: habla coreano, parece coreano, pero es más de de aquí que los carajillos. Acaba de sobrevivir a una entrevista con Joaquín Carbonell y le felicité por semejante logro digno del mismísimo Hércules. Es el traductor del pabellón de Corea y está ‘Lost in Traslation’.

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