expo2008 acreditaciones 20/08/2008
En estos días pasados el Anfiteatro 43 parecía vacío. El día de los japoneses Tamayo apenas habías 1.000 personas entre las gradas y a pie de escenario. Dos días después en el homenaje flamenco a Sinatra apenas 300. Unos pocos fieles viendo a Lole Montoya, la voz de Lole y Manuel; Montse y Genara Cortés; y a Vicky Luna y Alba Molina, esta última hija de Lole y ambas coristas de los salvajes y ya tristemente desaparecidos O’Funkillo.
Hicieron versiones en español de los viejos temas del Tin Pan Alley con una banda de Jazz en la que destacaba un trompetista prodigioso, un bailarín flamenco con look de chulazo neoyorkino y una cuidada escenografía con bajada de escaleras incluída. Fue un concierto precioso que sacaron adelante con profesionalidad y mucho sentido del humor. Ver a Alba Molina en pantalla gigante en un primerísimo plano es una experiencia que debería haber traído a más gente pero así es la Expo. De hecho a mi lado una enteradilla se marchó con su acompañante al castizo grito de ‘esto no es flamenco, me siento engañada’. En fin cada 500 años se quema la biblioteca de Alejandría.
Mientras tanto, el personal se arremolinaba fascinado siguiendo las evoluciones de las comparsas de dragones que tomaron la Plaza de Aragón: dragones, fuegos artificiales y dinosaurios monstruosos, contra eso compitieron nuestras heroínas.
¿El anfiteatro está triste y por eso está vacío? ¿o se reserva para algo?. La respuesta llegó el domingo 17 a las 11 de la noche.
Corría un rumor subterráneo en Zaragoza. Hubo gente que interrumpió sus vacaciones, otros las planificaban para estar aquí ese día. La noche era calurosa, no había viento, la luna estaba casi llena y, de una forma sutil, la ciudad y los alrededores del recinto empezaron a poblarse de tupés en crecimiento, patillas cortadas a navaja, pantalones vaqueros con el dobladillo subido hacia arriba, chupas de rocker: los Stray Cats tocaban en Zaragoza ¡27 años después de su primer disco!.
Aparece Brian Setzer en primera fila. Está un poco gordo, se nota que no sigue mucho la dieta mediterránea. Ha decidido enterrar definitivamente la banda con esta última gira. Se le ve contento, desenvuelto, como quitándose un peso de encima. El anfiteatro rebosa y cuando suenan los acordes del ‘Rumble in Brighton’, la rememoración de las viejas peleas mod-rockers en la ciudad inglesa de Brighton de las que hablan los Who en la película Quadrophenia, revienta.
Hay algo muy poderoso visualmente en un trío con un contrabajista que trata a su instrumento a golpes como en una relación amor-odio, que lo toca como si fuera un bajo sexto (¡en el aire!) y se revuelca obscenamente con él en el suelo. El semibatería con ganas de conocer mundo hará kilómetros de un lado a otro del escenario entre canción y canción y Setzer irá desgranando una a una las canciones que la gente quiere oir. Suenan ‘Runaway Boys’ y ‘Stray Cats Strut’ mis canciones favoritas de los Cats. La gente está enloquecida en las primeras filas y llega al paroxismo cuando suena ‘Gene and Eddie’. A los rockers españoles no se les puede tocar a Gene Vincent y a Eddie Cochram.
Tocan una hora y se despiden con ’Rock this Town’. El bis es corto, muy corto. El batería hace un par de kilómetros más corriendo arriba y abajo del escenario y se van. Tras 27 años y conociendo su repertorio me pregunto ¿no podrían haber tocado un par de horas? Brian tío la próxima vez estírate.
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